Todo sigue su curso
Supongo que está en nuestra naturaleza, ese deseo de que todo permanezca como está, que no cambie nada, pero a la vez esa sensación de estar siempre buscando algo diferente, de siempre querer algo más, pero que no termine, que no termine... pero lo que hace bonitas las cosas es esa brevedad, ese conocimiento de que todo lo que empieza tiene que acabar, tarde o temprano (mejor tarde, que somos españoles y lo de la puntualidad no es lo nuestro), eso es lo que nos hace quemar hasta el último cartucho, esas ganas de arañar hasta el último segundo que se nos ha regalado, que por alguna gracia del destino, Dios, o un choque casual de moléculas, nos ha colocado aquí, ahora, y no en otro sitio, no con otra gente. De todos los segundos de todos los minutos de todas las horas de todos los días de todos los meses de todos los años desde que el mundo es mundo y ha sido plagado por esta nuestra "maravillosa" especie, justo aquí y ahora hemos venido a parar, con nuestras vidas acuestas, con nuestros traumas y no-traumas, con nuestros miedos e inseguridades, y con nuestras seguridades también, llenos de nosotros mismos y dispuestos a llenarnos de todo lo que nos rodea, abiertos a que entre ese aire que tanto necesitamos, para que lo de dentro no esté tan viciado y podamos emprender un nuevo día, y otro, y otro,... hasta que termine o nos cansemos (¿quién se cansa de esto?, ¡por Dios!), y con todo eso seguiremos diciendonos y no-diciendonos un montón de cosas, pero al final lo único que importa es que aquí y ahora le ganamos la batalla a quien sea y nos hicimos con un trozo de tiempo y de espacio sólo para nosotros, y para nadie más, y nadie podrá quitarnoslo (bueno, el alzheimer quizás).












